Mensaje de nuestro Pastor asociado, P. Renzo Rosales, S.J.
Cuaresma: Tiempo de Preparación con Oración, Ayuno y Caridad
Entramos en el mes de marzo a poco de haber iniciado el tiempo de Cuaresma. Esta palabra, que es una abreviación de una expresión proveniente del latín quadragésima die, que en español moderno se dice cuadragésimo día (o día número 40). La cuaresma es un tiempo que abarca 40 días más 6 domingos, desde el miércoles de ceniza hasta el Jueves Santo, cuando iniciamos el Triduo Pascual, que concluye con la Vigilia Pascual, la misa más importante del Año Litúrgico en donde proclamamos la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
En la Biblia, el número 40 se menciona para indicar un tiempo largo: los 40 días y 40 noches que duró el diluvio universal (Génesis 7, 11-12), los 40 días que pasó Moisés en el monte Sinaí para recibir los mandamientos (Éxodo 24,18), los 40 años que pasó el pueblo de Israel desplazándose por el desierto (Números 32,13). Por 40 días y 40 noches el profeta Elías caminó hacia el monte Horeb (también llamado Monte Sinaí) (1 Reyes 19, 8) y fueron 40 los días de ayuno de Jesús en el desierto, luego de haber sido bautizado por Juan Bautista, y en donde enfrentó las tentaciones del demonio (Mateo 4,2). Para nosotros, los cristianos católicos, es la temporada del año litúrgico en donde la Iglesia se pone a contemplar, con especial devoción, los acontecimientos en torno a la pasión, muerte y, finalmente, resurrección de Jesucristo.
Durante el tiempo de Cuaresma, la iglesia nos invita a nosotros los fieles a crear el clima interior que facilite ese caminar con Jesús en su pasión a través de la oración, el ayuno y la caridad. Si prestamos atención, cada una de estas actividades apuntan a la profundización en nuestras relaciones a tres niveles: con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
La oración es ese diálogo con Dios, ya sea usando nuestras propias palabras, apoyándonos en oraciones aprendidas, o los salmos y pasajes de la Biblia. Persistiendo en la oración, creamos el clima interior que nos ayuda a afinar nuestra capacidad de escuchar y relacionarnos más íntimamente con Dios expresándole nuestras alegrías, esperanzas, miedos o sufrimientos.
Con el ayuno creamos una disciplina interior para controlar aquellos apetitos físicos y hasta emocionales que a veces suelen desbocarse y afectar o tomar el control de nuestras decisiones. Con la ayuda de la voluntad, y fortalecidos con la oración, la iglesia nos invita a abstenernos o privarnos de algo de importancia para nosotros y así fomentar una relación más sana con nosotros mismo. La práctica más tradicional y habitual es la de abstenernos de comer carne los viernes. En adición a esta práctica, común para los católicos, cada uno de nosotros podemos decidir privarnos de otras cosas hacia las cuales hemos desarrollado algún tipo de apego: cierto tipo de comida o bebida, los juegos en casinos (o video juegos), el uso excesivo del celular, la dependencia de las redes sociales, el hablar sin reflexionar o sin escuchar, etc.
Finalmente, con actos de caridad, nos aseguramos de que la cuaresma no sea un tiempo de profundización exclusivamente individualista centrado en nuestra relación con nosotros mismos y con Dios. Es necesario que toda profundización en estas relaciones nos lleve a una profundización en nuestras relaciones con nuestros semejantes. Acciones tales como el ofrecer donaciones en efectivo y de otro tipo a la Iglesia, ofrecer nuestro apoyo moral o material a personas necesitadas, ofrecer mi tiempo para dar ánimo y consuelo a personas que estén atravesando situaciones difíciles, son ejemplos de actos de caridad.
Que vivamos esta cuaresma con un verdadero deseo de penetrar más en el conocimiento de Jesús, a través de nuestras lecturas, reflexiones, oraciones y acciones, para -como dice San Ignacio- más amarlo y seguirlo.
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