El poder de la reconciliación.



En días anteriores aprendimos que la paz no es la ausencia del conflicto, sino la tranquilidad que experimentamos en medio de los problemas. Y tener la paz de Dios nos permitirá estar firmes aun cuando todo a nuestro alrededor se esté desmoronando.  Sin embargo, Isaí­as 48:22 dice que   no hay paz para los malvados, es decir, aquellos que se encuentren en pecado y están  separados de Dios. 

Así fue como originalmente el hombre se apart ó de Dios: por causa del pecado. Y como ya sabemos, Dios inici ó un plan para permitirnos volver a trav é s de la reconciliaci ó n que Jesucristo realizó en la cruz. Por ello es importante que recuerdes que ning ú n hombre o mujer est á demasiado lejos para Dios, por mucho que creas que hayas pecado, siempre puedes tener una relaci ó n con Cristo en un ambiente dominado por su paz.
 
Reconciliarte con Dios no sólo te dará su paz, sino que, ¡serás parte de su familia!   Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.  Efesios 2:19.  Como miembros de su familia también adquirimos los derechos y beneficios de membres í a, incluyendo el ser liberados de la condenaci ó n eterna.

¡Demos gracias a Dios porque Jesucristo muri
ó por todos y todas para poder reconciliarnos con Él!
  Salmo 29:11  El Señor fortalece a su pueblo; el Señor bendice a su pueblo con la paz.
 



Tu amigo, 
Randy O. Morrison.

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