Formas de hablar. 


Dios nos habla en diferentes maneras a través de visiones, sueños, nuestra voz interna y por supuesto, la Biblia, pero necesitamos familiarizarnos con Su voz para estar pendientes de todas estas formas en que podemos recibir Su mensaje.   Job 33:14-17  refuerza el hecho de que Dios nos habla de formas múltiples:

 Dios nos habla una y otra vez,
    aunque no lo percibamos.
 Algunas veces en sueños,
    otras veces en visiones nocturnas,
cuando caemos en un sopor profundo,
    o cuando dormitamos en el lecho,
 él nos habla al oído
    y nos aterra con sus advertencias,
 para apartarnos de hacer lo malo
    y alejarnos de la soberbia;


Otro ejemplo lo encontramos en  1ª de Samuel 3. El pequeño Samuel no estaba familiarizado con la voz de Dios y pensó que la voz que había escuchado era la de Elí.   Para la fortuna de Samuel, Dios le habló en tres ocasiones y, ¡la voz interna que escuchó era audible para él! Lee con atención: 


Samuel, que todavía era joven, servía al Señor bajo el cuidado de Elí. En esos tiempos no era común oír palabra del Señor, ni eran frecuentes las visiones.
Elí ya se estaba quedando ciego. Un día, mientras él descansaba en su habitación,  Samuel dormía en el santuario del Señor, donde se encontraba el arca de Dios. La lámpara de Dios todavía estaba encendida.  El Señor llamó a Samuel, y este respondió:
- Aquí estoy.
Y en seguida fue corriendo adonde estaba Elí, y le dijo:
- Aquí estoy; ¿para qué me llamó usted?
- Yo no te he llamado -respondió Elí-. Vuelve a acostarte.
Y Samuel volvió a su cama.
Pero una vez más el Señor lo llamó:
- ¡Samuel!
Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo:
- Aquí estoy; ¿para qué me llamó usted?
- Hijo mío -respondió Elí-, yo no te he llamado. Vuelve a acostarte.
Samuel todavía no conocía al Señor, ni su palabra se le había revelado.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel. Él se levantó y fue adonde estaba Elí.
- Aquí estoy -le dijo-; ¿para qué me llamó usted?
Entonces Elí se dio cuenta de que el Señor estaba llamando al muchacho.
- Ve y acuéstate -le dijo Elí-. Si alguien vuelve a llamarte, dile: "Habla, Señor, que tu siervo escucha".
Así que Samuel se fue y se acostó en su cama. Entonces el Señor se le acercó y lo llamó de nuevo:
- ¡Samuel! ¡Samuel!
- Habla, que tu siervo escucha -respondió Samuel.


Quizá pienses que sería grandioso escuchar la voz de Dios tan audible como lo hizo con Samuel, pero quiero que sepas que aunque no sea así, podemos escuchar Su voz cuando identificamos a las personas que nos están guiando o están siendo un mentor para nosotros. Así que debes estar atento.

Haz memoria y escribe el momento en el que escuchaste tu voz interior pero la ignoraste y analiza qué hubiera sido diferente de haberle hecho caso. Después piensa en cómo te comprometerías con Dios para escuchar Su voz y cómo responderás a ella en el futuro.

Y recuerda, ¡no permitas que tus experiencias pasadas te limiten para discernir la voz de Dios!




Tu amigo,
Randy O. Morrison.


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