¿Qué te impide recibir ayuda?


¿Te has preguntado alguna vez si existe algo que esté impidiendo recibir la ayuda que tanto necesitas? En esta nueva serie de devocionales te mostraremos algunas cosas que, quizá no has notado, pero sí están evitando a toda costa que seas lo que Dios quiere que seas.

Es importante estar abiertos a escuchar y responder según el plan de Dios para nuestra vida. No hay manera de saber cuándo Dios usará a alguien para influirnos. Por lo tanto, no debemos descartar a nadie y d ebemos permanecer abiertos para recibir la información y el asesoramiento correcto.

Es muy común que al cultivar nuestra relaciones personales, comenzamos a ver todo de manera rutinaria y dejemos de filtrar la información que recibimos de ellas, al punto de creer imposible que Dios pueda usar a alguien que conocemos. ¿Has notado que las personas a menudo están más abiertas a un extraño? ¿Y en ocasiones cerradas y resentidas con aquellos que sí conocen?

Algo similar le ocurrió a Jesús. Lee en  Marcos 6:1-6 la siguiente historia: 

Jesús salió de esa región y regresó con sus discípulos a Nazaret, su pueblo. El siguiente día de descanso, comenzó a enseñar en la sinagoga, y muchos de los que lo oían quedaban asombrados. Preguntaban: «¿De dónde sacó toda esa sabiduría y el poder para realizar semejantes milagros?». Y se burlaban: «Es un simple carpintero, hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón. Y sus hermanas viven aquí mismo entre nosotros». Se sentían profundamente ofendidos y se negaron a creer en él.
Entonces Jesús les dijo: «Un profeta recibe honra en todas partes menos en su propio pueblo y entre sus parientes y su propia familia». Y, debido a la incredulidad de ellos, Jesús no pudo hacer ningún milagro allí, excepto poner sus manos sobre algunos enfermos y sanarlos. Y estaba asombrado de su incredulidad.

¿Te das cuenta? Todos tenemos a alguien que puede ser usado por Dios para decirnos algo. 
Esta semana analiza tus relaciones personales y la manera en cómo interactuas con ellas, quizá te lleves una gran sorpresa. Habla con Dios y pídele un corazón abierto a lo que él quiera decirte a través de otros y así puedas recibir la ayuda que necesitas. 
 



Tu amigo,
Randy O. Morrison.

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