Mesaje de nuestro Pastor Asociado Padre Renzo Rosales.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Crucifícalo! ¡En verdad, éste es el Hijo de Dios! ¡El Señor ha resucitado! Estas expresiones resumen las reacciones de diferentes grupos de personas e individuos al referirse a Jesús antes, durante y después de su pasión, muerte y resurrección. Estos son los eventos que conmemoramos en esta Semana Santa con la que iniciamos este mes de abril.
A través de los evangelios que hemos escuchado durante los domingos de cuaresma, fuimos invitados, a reconocer la realidad humana y divina de Jesús. Esa condición humana manifestada, al inicio de la cuaresma, en las maneras en que Jesús experimentó la tentación. En el relato de la resucitación de Lázaro del domingo anterior al Domingo de Ramos, se nos puso en contacto con Jesús como el Señor de la Vida, aquél que tiene poder para vencer a la muerte y ofrecernos un nuevo comienzo.
Durante la Semana Santa, seguimos evocando la identificación de Jesús con nuestra humanidad al recordar cómo él también experimentó la traición, la ingratitud, el rechazo, el sufrimiento físico e incluso la muerte. Sin embargo, la historia no se quedó allí, ya que, con más razón, también evocamos y revivimos la alegría de su resurrección con la que nos reafirmó el mensaje de que ni el dolor ni la muerte tienen ni tendrán la última palabra.
La Iglesia nos invita en este tiempo a sensibilizarnos con ese mismo Jesús que se identifica con todo aquél que, por diversas razones e intereses, es hoy día rechazado, maltratado y hasta matado física o moralmente por nosotros, como individuos o como sociedad. Esa sensibilización nos debe llevar a actuar y promover acciones que ayuden a no contribuir y más bien poner fin al sufrimiento de otros.
Pidamos al Señor y hagamos nuestra parte para que, en medio de este tiempo en donde divisiones, persecuciones y conflictos dentro y fuera del país, no caigamos en la tentación de la desesperanza. En su lugar, respondamos al llamado del Señor contribuyendo con nuestras mejores intenciones y acciones para ver en otros y proyectar nosotros mismos las chispas de optimismo y esperanza que el Señor ha puesto en nuestros corazones.
¡Bendecida Semana Santa y Felíz Pascua de Resurrección!
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