Mensaje de Nuestro Pastor P. Aaron Pierre, S.J.
Amar mientras tenemos tiempo
Hace poco, quince minutos antes de celebrar una boda, recibí una noticia muy triste: mi amigo, el P. Steve Molvarec, S.J., había fallecido inesperadamente. Tenía apenas 46 años.
Steve y yo fuimos compañeros durante nuestra formación como jesuitas. Era un hombre de gran corazón, especialmente con los pobres y las personas que se sentían excluidas. Pero también podía ser terco y tener opiniones muy fuertes, y nuestra amistad no siempre fue fácil.
Cuando recibí la noticia de su muerte, sentí una profunda tristeza. También empecé a pensar en las oportunidades que había dejado pasar: las veces que pude haberlo llamado, preguntarle cómo estaba o esforzarme un poco más por mantener nuestra amistad. Lo que más me pesaba era el bien que pude haber hecho por él y no hice.
Después entré a la iglesia para celebrar la boda. Dos personas se prometieron, delante de Dios, amarse en lo próspero y en lo adverso, todos los días de su vida. Mientras las escuchaba, comprendí que esa promesa no es solo para los esposos. Toda relación nos pide estar presentes, día tras día, mientras aún podamos.
Noviembre, el mes en que recordamos a nuestros difuntos, une la gratitud, la tristeza y la esperanza. En el Día de Todos los Santos celebramos a quienes ya gozan de la presencia de Dios; en el Día de los Fieles Difuntos encomendamos a nuestros seres queridos a la misericordia de Dios, confiados en que, gracias a Cristo, la muerte no tiene la última palabra.
Pero recordar a nuestros difuntos también puede enseñarnos a amar mejor a quienes siguen con nosotros.
Muchas veces pensamos que habrá otra oportunidad para decir «te quiero», pedir perdón, hacer una llamada o simplemente pasar tiempo juntos. A veces la hay. Otras veces, no.
Este noviembre, los invito a rezar por alguien a quien extrañan. Pueden recordar a esa persona en los altares de nuestra parroquia trayendo una foto, una vela o su nombre, o haciendo una donación en su honor. Y después, piensen en alguien que todavía está con ustedes. Quizás alguien a quien llevan tiempo queriendo llamar, o alguien a quien les cuesta amar.
Acérquense. Dedíquenle tiempo. Den un pequeño paso.
No podemos recuperar todas las oportunidades que dejamos pasar. Pero, con la gracia de Dios, podemos amar más generosamente hoy.
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