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El camino hacia el progreso espiritual se encuentra en nuestros corazones. Es parte de nuestra naturaleza, por lo que es natural discernirlo y recorrerlo, como nos mostró Jesús.
Este camino es una manifestación del amor de Dios por Sus hijos. El camino no está oculto; nunca se pierde, y nunca estamos lejos de él. Está disponible ahora mismo para cada uno de nosotros. Todos tenemos el derecho divino de avanzar en el camino del progreso espiritual. Después de todo, ¡el progreso es la ley del Amor!
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