How far is it to Emmaus?
Sunday, April 15, 2018 - Third Sunday in Easter
By Bill Cotton revcottonhill@hotmail.com

And when he was at the table with them, he took bread, blessed and broke it and gave it to them. Their eyes were opened and they recognized him. — Luke 24:30-31
 
This I believe is the strongest resurrection story. It is believable. It is about what people do when their hopes are crushed. Two people say, “It’s over. Let’s go home.” On the way home, it helps to talk about the tragic event of crucifixion, even with a stranger. We don’t know who these folks were except they had followed Jesus to the cross. We don’t really know where Emmaus is, only most folks at some time in their lives have walked that lonely road. 

Has anyone escaped great and numbing disappointment? At that moment, we will reach out to any stranger who knows our pain. So, the mysterious stranger joins them on that dusty, stony road. He rehearses for them their history of faith. As they approach their home they beg for more—“Come eat with us”—and the stranger accepts the invitation.

This is a strange story. Eating together is usually reserved for folks who know each other. In my years working in human rights, I discovered just how selective we could be as to who will be invited to dinner.

I grew up on a cotton farm in Texas. Dinner time (noon) was a big deal for those who had been out in the heat picking cotton. Black field hands usually had a separate table and leftovers—but not in our house.

My mother was color blind. She simply made no distinctions regarding who deserved to be at the table. She understood those words as the stranger took bread and broke it; the risen Christ appeared to them and then vanished from their sight. Call it neighborliness, call it generosity—when the table is open to everyone, the risen Christ shares our bread. 

We Methodists have this “open minds, open hearts, open doors” thing in our invitation. But certain strangers are not welcome, and the open door becomes a bit of a mockery. Can Easter faith simply take the locks away and welcome the stranger? Anyone for resurrectional existence—code name “neighborliness”? Christ is raised—the table is set—now don’t get fussy about who is invited to share!

Prayer:  Dear God, you who have created a rainbow people, give us a second sight that we might see people as you would have us see. Turn us away from seeking our own kind. In this Easter Season, make for us a new beginning as we walk the dusty road to Emmaus. Help us to know that strangers and the strange are witnesses to your amazing new world in which we will no longer judge each other by the color of skin, or sexual orientation. Let us just be your folks who have learned to set the table for any who will come. In the name of the Risen Stranger, we pray. Amen 

¿Cuán lejos es a Emaús?
Domingo 15 abril, 2018 – Tercer domingo de la Resurrección
Por Bill Cotton revcottonhill@hotmail.com
 
Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos y lo reconocieron. – Lucas 24:30-31
 
Creo que ésta es la historia más fuerte de la resurrección. Trata con lo que hacen personas cuando sus esperanzas son aplastadas. Dos personas dicen, “Ya se ha terminado. Vamos a casa.” Y en el camino a la casa nos ayuda a hablar del suceso trágico de la crucifixión, aún con un extranjero. No sabemos quiénes eran estas personas excepto que habían seguido a Jesús a la cruz. De verdad no sabemos dónde está Emaús, solamente que la mayoría de las personas en un momento de sus vidas han caminado en ese camino solitario.

¿Ha escapado alguien desilusión grande y paralizante? En ese momento, alcanzaremos a cualquier extranjero que conoce nuestro dolor. Así que este extranjero misterioso se junta con ellos en ese camino polvoriento y pedregoso. Revisa para ellos su historia de fe. Como se acercan a su casa piden más – “Ven a comer con nosotros” – y el extranjero acepta la invitación.

Ésta es una historia extraña. El comer juntos de ordinario es solamente para personas que se conocen. En mis años trabajando en derechos humanos descubrí cuán selectivos podemos ser acerca de quién será invitado a cenar. 

Crecí en una granja de algodón en Texas. La hora de la comida (mediodía) era algo importante para los que habían estado en el calor cosechando el algodón. Los peones negros de campo de ordinario tenían una mesa separada y recibían la comida sobrante – pero no era así en nuestra casa. 

A mi madre no notaba el color de una persona. Simplemente no hacía distinciones sobre quién merecía estar a la mesa. Comprendía estas palabras como el extranjero tomó pan y lo partió; el Cristo resucitado les apareció y entonces desapareció de su vista. Llámalo buena vecindad, o llámalo generosidad – cuando la mesa es abierta a todos, el Cristo resucitado comparte nuestro pan.

Nosotros metodistas unidos tenemos este dicho de “mentes abiertas, corazones abiertos, puertas abiertas” en nuestra invitación. Pero ciertos extranjeros no reciben la bienvenida; y la puerta abierta se convierte en una farsa. ¿Es posible que la fe de la Resurrección simplemente pueda quitar las cerraduras y dar la bienvenida al extranjero? ¿Hay alguien que quiera la existencia de la resurrección – con el nombre en clave “buena vecindad”? ¡Crista es resucitado – la mesa está puesta – ahora que no sea exigente acerca de quién es invitado a compartir!
 
Oración: Querido Dios, nos has creado como personas del arco iris, danos una segunda vista para que podamos ver a personas como tú quieres que veamos. Desvíanos de buscar a personas de nuestra clase. En esta Temporada de la Resurrección, haznos un nuevo comienzo como caminamos el camino polvoriento a Emaús. Ayúdanos a saber que extranjeros y el extraño son testigos a tu nuevo mundo asombroso en que ya no nos juzgaremos por el color del piel, ni por la orientación sexual. Que podamos ser simplemente tus personas que han aprendido a poner la mesa para todos los que vendrán. En el nombre del Extranjero Resucitado oramos. Amén.