“Mary, play that tambourine!”
December 24, 2017 - Fourth Sunday in Advent
Luke 1:46b-55; Ex15:20

By Bill Cotton   revcottonhill@hotmail.com

“Then the prophet Miriam, took a tambourine and all the women went out with her with tambourine and danced.”

 
The   Magnificat —we are drawn to it—the beauty of word and music so powerful that the meaning is often missed. Imagine with me a young peasant girl who upon learning an amazing thing takes up Hannah’s song in 1 Sam 2. I suspect she actually danced and perhaps with tambourine speaks of the new liberation that is coming. 

Mary’s song is a very old song of liberation, especially for women. It must have had its beginning with those uppity midwives  Shiph’rah and Pu’ah, who resisted the powerful Pharaoh’s demand that they destroy the Hebrew boy babies at birth. “Hell, no!” was their response (loose translation). They were not about to go along with Pharaoh’s request. There is some scholarly evidence that Pu’ah will be called Miriam, Aaron’s sister. With tambourine she sings of Moses’ great gift of freedom as the people are called from slavery. (Ex 15:20) She and, along the way, Deborah take up the song and pass it on to Hannah. Something sneaky is happening here—songs of strong women passed down to a young peasant girl named Mary, who will dance and play that tambourine. Ah yes—The Magnificat! 

The Church too often has painted Mary in soft colors—pastels, blue and white, meek and mild. We prefer “Gentle Mary laid her child lowly in a manger.” But give Mary a tambourine and the song of women’s lives—the magnificat—the mighty are cast down, the weak are lifted up. Mary has her own chorus of strong women. We think of Miriam, of Deborah, of Hannah—and through the ages, here and there now and then—the tambourine is heard in the land as strong women raise it up and dance. And the dance goes on. 

I think of courageous women who I have known—sign and symbol of what can be. When I was in seminary, my mother was a bit troubled because her pastor didn’t want the WSCS to study a new book entitled “Kingdom Beyond Caste.” She said, “We are going to study it anyway.” The book was considered too radical in those pre-civil rights days and would stir things up a bit. My mother was too modest to dance, but she knew the right songs. Mary played that tambourine for courageous women. 

Or I think of Ione Shadduck, one of the first female lawyers to practice in Des Moines. Despite judges and colleagues who tried to keep her in her place, she won the day. Even at 94, Ione remains a strong feisty woman. Mary played that tambourine for Ione. 

Or I think of a young preacher, Anna Blaedel, who passed through Grace Church, leaving a mark for justice. I can see her wearing those red boots, ready to lead the fight and dance for all people—especially LGBT kids and dreamers. Mary, play that tambourine for all of us who long for a Christmas where the celebration is special, because the love that comes down at Christmas brings with it the sound of the tambourine for justice. And this old church of ours will actually have open doors for all the people.

Dear God: Your ways are not our ways, thank goodness. We would soften your gift of justice, but within us is also the hunger and the thirst for change. Call us back to our roots. Ignore our attempts to tame the tradition that brought to this world the Savior of the world—even so your Son, our Lord, who perfectly reveals your intent and purpose for each of us. Amen

María, toca aquel pandero!
24 diciembre, 2017 – Cuarto domingo en Adviento
Lucas 1:46b-55; Éxodo 15:20

Por Bill Cotton revcottonhill@hotmail.com

“Entonces María, la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron detrás de ella con panderos y danzas.”
 
El Magnificat – somos atraídos a esta canción de María – la belleza de palabra y música es tan poderosa que el significado frecuente no se capta. Imagínese conmigo a una joven del campo quien al aprender una cosa increíble toma la canción de Ana in 1 Sam. 2. Tengo sospechas que de verdad ella bailó y quizás con el pandero habla de la nueva liberación que ya viene.

La canción de María es una canción muy vieja de liberación, especialmente para mujeres. Debe haber tenido su comienzo con esas parteras arrogantes Sifra y Fúa quienes resistieron a la demanda poderosa del Faraón que destruyeran a los bebés varones de los hebreos al nacimiento. “¡Ni harto de vino!” fue su respuesta (traducción libre). No iban a consentir con la petición del Faraón. Hay alguna evidencia entre los expertos que Fúa será llamada María, la hermana de Aarón. Con el pandero canta del gran don de libertad de Moisés como el pueblo es llamado de la esclavitud (Éx. 15:20). Ella y, sobre la marcha, Débora continúan la canción y la pasan a Ana. Algo furtivo ocurre aquí – canciones de mujeres fuertes pasadas a una joven del campo nombrada María, quien bailará y tocará aquel pandero. Ah sí – ¡El Magnificat!

Demasiado frecuentemente la Iglesia ha representado a María en colores suaves – pasteles, azul y blanco, tímida y blanda. Preferimos “María dulce puso a su hijo en un pesebre.” Pero, dale a María un pandero y la canción de la vidas de mujeres – el magnificat – los poderosos caen, los débiles son levantados. María tiene su propio coro de mujeres fuertes. Pensamos en María, en Débora, en Ana – y sobre la marcha, de aquí
 para allá, de vez en cuando – se oye el pandero en la tierra como las mujeres fuertes lo toman y bailan. Y el baile sigue.

Pienso de mujeres valientes que yo he conocido – señal y símbolo de lo que puede ser. Cuando estaba en el seminario, mi madre estaba un poco preocupada porque su pastor no quería que el grupo de mujeres estudiara un nuevo libro titulado “Reino más allá de casta [Kingdom Beyond Caste].” Dijo, “Vamos a estudiarlo de todos modos.” El libro fue considerado demasiado radical en esos días antes del movimiento de derechos civiles porque sembraría cizaña. Mi madre era demasiada modesta bailar, pero ella conocía las canciones correctas. María tocó aquel pandero para mujeres valientes.

O pienso en Ione Shadduck, una de las primeras abogadas que practicaba en Des Moines. A pesar de jueces y colegas que trataban que ella se quedara en su lugar, ella aseguró el éxito. Aún a los 94 años, Ione queda una mujer fuerte y peleadora. María tocó aquel pandero para Ione.

O pienso en una predicadora joven, Anna Blaedel, quien pasó por la Iglesia Grace, dejando una marca para la justicia. Puedo verla llevando esas botas rojas, lista para estar a la cabeza del desfile y bailar para la gente – especialmente para niños y soñadores homosexuales. María, toca aquel pandero para todos nosotros que anhelan una Navidad cuando la celebración es especial porque el amor que baja en la Navidad trae consigo el sonido del pandero para la justicia. Y esta iglesia vieja nuestra de verdad tendrá abiertas las puertas para todo el mundo.
 
Querido Dios: Tus caminos no son nuestros caminos, gracias a Dios. Nos ablandaríamos tu don de justicia, pero dentro de nosotros también hay la ansia y la sed para el cambio. Llámanos que regresemos a nuestras raíces. Ignora nuestros intentos para domesticar la tradición que nos llevó a este mundo al Salvador del mundo – aún tu Hijo, nuestro Señor, quien revela perfectamente tu intención y tu propósito para cada uno de nosotros. Amén.