Sweet Sabbath
Exodus 20:1-17; Psalm 19
March 4, 2018

By Bill Steward: whsteward@mediacombb.net

Has Lent worn you out yet? Do you agree with Barbara Brown Taylor: “...it is a wonder anyone is still in church at the end of Lent, especially if we save the good news for last.”

Sunday’s lectionary readings can serve as antidote. 

Psalm 19 reminds us that all the commandments are given for our blessing and that studying them is oh-so-sweet salve for our spirits.
 
...the law of the Lord is perfect,
  reviving the soul…
the precepts of the Lord are right,
  delighting the heart…
Sweeter (are they) than honey,
  and the drippings of the honeycomb.
 
Exodus 20 1-17 underlines the life-affirming commandment: “Remember the sabbath and keep it holy.” (vss. 8-12)

One year in Vacation Bible School we celebrated the holidays Jesus observed ---Shabbat (Sabbath), Rosh Hashanah, Yom Kippur, Shavout, Passover and Hanukkah. All our senses kicked in. 

Ah, the aroma of the braided loaves of Sabbath bread (challah) baking and the taste of the honey butter into which we dipped it.

Ah, the sweetness of VBS -- and the Sabbath.

New York Times religion writer Ari Goldman also remembered the sweetness of the Sabbaths of his youth. He grew up in an Orthodox Jewish home in the 1950s, a home in which his parents battled bitterly all his childhood days. He believed he would not have survived without the Sabbath, when his parents rested from their fighting and their whole family gathered around the Sabbath table.

“I loved Friday nights. It was a time when, by the magic of the Sabbath candles...the recriminations and bickering would end and the music would begin. My brother and I ... would sit at the gleaming white table in our “Shabbat outfits,” dark blue pants and white cotton shirts open at the collar. Our hair was still wet from our pre-Sabbath baths ... Yarmulkes were bobby-pinned to our heads. My mother waved her hands over the lighted candles and covered her eyes as she stood in a silent moment of meditation. Afterwards she took us into her arms and kissed us, lingering an extra moment to drink in our freshness.

“When ... later, my father returned from the synagogue, we lined up in front of him for the Sabbath blessing, the eldest, Shalom, then me ... bending down to reach us, my father cradled our heads between his hands as he recited the blessing; MAY GOD BLESS YOU AND KEEP YOU ... AND GIVE YOU PEACE.”

“The root meaning of the term ‘Sabbath’ is to ‘desist or stop’ ... to stop productive work or normal activities.” (Brueggemann)

Remembering the Sabbath and keeping it holy can delight our Lenten hearts and those of our parishioners:

We can pause all the wrangling with friends and family members;
We can stop thinking our worth is determined by our productivity;
We can desist from deploying our digital devices 24/7;
We can refuse to obsess about work all the time;
We can light some candles, toast the sabbath and bless one another.

How sweet it is.

SÁBADO DULCE
Éxodo 20:1-17; Salmos 19
4 marzo, 2018
Por Bill Steward whsteward@mediacombb.net
 
¿Te ha agotado la Cuaresma todavía? ¿Estás de acuerdo con Barbara Brown Taylor: “ . . . es una maravilla que alguien todavía está en la iglesia al fin de la Cuaresma, especialmente si guardamos las buenas noticias hasta el fin.”
 
Las lecturas del leccionario para este domingo pueden servir como antídoto.
 
Salmos 19 nos acuerda que todos los mandamientos son dados para nuestra bendición y que el estudiarlos es un bálsamo que es tan dulce para nuestros espíritus.
    La ley de Jehová es perfecta:
convierte el alma
   Los mandamientos de Jehová son rectos:
 alegran el corazón;
  dulces más que la miel,
 la que destila del panal.
 
Éxodo 20:1-17 enfatiza el mandamiento que afirma la vida:  “Acuérdate del sábado para santificarlo.” (vs. 8-12)
 
Un año en la Escuela Bíblica de Vacaciones celebramos las fiesta que Jesús observaba – Shabbat (Sábado), Rosh Jashaná, Iom Kippur, Shavout, la Pascua Judía, y Jánuca. Requería todos nuestros sentidos. 
 
Ah, el aroma de las barras trenzadas del pan del Sábado (challah) horneando y el sabor de la mantequilla con miel en la cual lo mojamos.
 
Ah, la dulzura de la Escuela Bíblica de Vacaciones – y del sábado.
 
 
El escritor de religión para el New York Times, Ari Goldman, también recordaba la dulzura de los sábados de su juventud. Creció en un hogar judío ortodoxo durante los 1950, un hogar en el cual sus padres luchaban extremadamente todos los días de su niñez. Creía que no habría sobrevivido sin el sábado, cuando sus padres descansaban de sus luchas y toda la familia se reunía alrededor de la mesa del sábado.
 
“Me encantaban las noches de los viernes. Era un tiempo cuando, por la magia de las velas del sábado . . . las recriminaciones y las disputas terminaban y la música comenzaba. Mi hermano y yo nos sentábamos a la mesa blanca y resplandeciente en nuestra “ropa del sábado,” pantalones azules oscuros y camisas blancas de algodón abiertas en el cuello. Nuestro pelo todavía estaba mojado de nuestros baños antes del sábado . . . Marmullas estaban atadas a nuestras cabezas con pasadores. Mi madre pasaba las manos sobre las velas encendidas y cubría los ojos mientras se paraba en un momento de meditación silenciosa. Después, nos tomaba en sus brazos y nos besaba, deteniéndose un momento más para empaparse de nuestra frescura.
 
“Cuando . . . más tarde, mi padre volvía de la sinagoga, nos poníamos en línea delante de él para la bendición del sábado, el mayor, Shalom, entonces yo . . . agachándose para alcanzar a nosotros, mi padre mecía nuestras cabezas entre sus manos mientras recitaba la bendición: QUE DIOS TE BENDIGA Y TE GUARDE . . . Y TE DE PAZ.”
 
“La raíz del significado del término ‘sábado’ es ‘desistir o dejar de’ . . . para el trabajo productivo o actividades normales.” (Brueggemann)
 
Recordando el sábado para santificarlo puede causar deleite en nuestros corazones y en los corazones de nuestro parroquianos esta Cuaresma:
Podemos pausar todas las peleas con amigo y miembros de la familia;
Podemos dejar de pensar que nuestro valor es determinado por nuestra productividad;
Podemos desistir de desplegar nuestros aparatos digitales 24 horas/7 días;
Podemos rehusar de obsesionar sobre el trabajo todo el tiempo.
Podemos encender una velas, brindar el sábado y bendecirnos unos a otros.
 
¡Cuán dulce que es!