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Esperanza al Recordar
El mes de noviembre nos invita a vivir un tiempo de recordar con esperanza. Con las fiestas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, traemos a la memoria a nuestros seres queridos y a los santos que ya viven en la presencia de Dios. Todo esto nos recuerda que el amor vence a la muerte. Lejos de ser un tiempo de tristeza, noviembre nos enseña a tener esperanza.
Esperamos en la resurrección de Cristo. En el corazón de nuestra fe está la verdad: Cristo ha resucitado. Somos seres espirituales, creados para vivir en comunión con Dios, por eso la muerte no tiene la última palabra. Aunque la muerte cambia nuestra relación con quienes amamos, no la borra. Esta convicción nos sostiene cuando el dolor del luto pesa, y nos recuerda que la ausencia se sostiene dentro de una promesa más grande: que la vida en Dios no se acaba y que el amor nunca se pierde.
Esperamos en el testimonio de los santos. Los santos nos muestran que la esperanza se hace visible en la vida cotidiana. No son figuras lejanas, sino hermanos y hermanas que caminaron por este mismo mundo y confiaron en Dios en medio de alegrías y pruebas. Para los jesuitas y los amigos de la Compañía de Jesús, el 5 de noviembre tiene un significado especial: la Fiesta de Todos los Santos y Beatos Jesuitas 53 santos canonizados y 156 beatos que vivieron el Evangelio con entrega y sacrificio. Sus historias nos enseñan que la santidad no es perfección, sino perseverancia: un “sí” diario al amor de Dios en la vida cotidiana.
Esperamos en la intercesión de los santos. La comunión de los santos nos asegura que nunca
estamos solos. Así como oramos unos por otros aquí en la tierra, también los que están en el cielo oran por nosotros. Este es el misterio de la oración de intercesión: un círculo de amor que une a la Iglesia de la tierra con la del cielo. En momentos de soledad o cansancio, podemos levantar la mirada hacia esa “nube de testigos” que nos rodea. Sus oraciones nos sostienen y nos acercan más a Cristo, quien venció la muerte y nos abrió el camino hacia la vida eterna.
Que todas las almas de los fieles difuntos descansen en paz. Y que todos los santos del cielo
rueguen por nosotros. Amén.
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