|
Mensaje de nuestro pastor Asociado
P. Renzo Rosales, S.J.
El año va avanzando y vamos viendo cómo diferentes experiencias nos van dando material para reflexionar, orar e invitarnos a la acción nivel personal, familiar, parroquial, comunitario y global.
Así, por ejemplo, hemos visto que terminamos el mes de Julio con la celebración de la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, la orden religiosa a la que pertenecemos los
sacerdotes que servimos en nuestras dos comunidades parroquiales de San Patricio y Nuestra Señora de Guadalupe. Por este motivo, nuestra comunidad parroquial acogió una serie de actividades de formación para dar a conocer algunos elementos del legado espiritual que Dios ha dado a la iglesia y al mundo a través de San Ignacio.
Agradecemos, por un lado, la colaboración de nuestro jesuita visitante, el P. Phil Cooke, quien ha estado compartiendo con la comunidad sus conocimientos sobre espiritualidad ignaciana. Y, por otro lado, felicitamos a los parroquianos que aprovecharon esta oferta de formación y crecimiento interior. Esta espiritualidad, que se basa en una actitud de observación atenta de la rea lidad para luego discernir qué nos revela y a qué nos invita Dios a través de ésta , ha de servir como animadora de nuestra experiencia de fe.
Es por ello, que, en este mes de agosto, saquemos provecho al legado de esta espiritualidad estando especialmente atentos a lo que nos va diciendo Dios a través de los eventos cotidianos (desde la apreciación del sol al amanecer, el sonido de la voz o el trato de los seres queridos, las imágenes de quienes sufren violencia e injusticia aquí y en otras partes del mundo, etc.).
Si nos aseguramos un espacio de silencio interior y prestamos atención, por un lado, a los sentimientos que nos provocan estos eventos. (alegría o tristeza, esperanza o desconsuelo, ánimo o desmotivación) y luego notamos a dónde me lanzan los sentimientos experimentados (aumento de la fe, la esperanza o el amor, o más bien todo lo contrario), estaremos abriéndonos a la experiencia del discernimiento ignaciano.
P.Renzo.
|