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1 El Espíritu Santo: 1) En la eterna Unicidad de Dios, es Su Pensamiento de Amor que nos creó Almas (o Espíritus) fusionadas en Una sola en Cristo, Su único Hijo; 2) En el mismo instante de la separación, el Espíritu Santo fue la Respuesta de Dios a la misma, cuyos impulsos altruistas o amorosos —cuando emergen desde lo más profundo de nuestro subconsciente y los tomamos en cuenta— nos invitan a: 2.1) aceptar el Redimir para nosotros mismos; 2.2) perdonar totalmente; 2.3) extender milagros que nos sugiera el Espíritu Santo; 2.4) y, a aceptarlo como nuestro Guía para tomar decisiones, pensando con Él en nuestra mente acertada. Algunos de Sus sinónimos en el Curso son: "Consolador", "Guía", "Intérprete", "Mediador", "Palabra de Dios", "Redimir", "Respuesta", "Traductor", "Verdad", "Voz que habla por Dios", "Voz de Dios". Ver T5.3, T5.4, T.5.5, T6.6, T9.5, T20.5, LTe.7 (-L281), M2.4
2 Ilusión o fantasía o alucinación —cuando crees o quieres creer que realmente no somos cuerpos, sino Almas (o Espíritus) en el eterno Presente de la Unicidad de Dios, fusionadas como Una en Cristo, Su único Hijo, Quien realmente somos todos y cada uno— es el tiempo, el espacio, y todo lo que éstos contuvieron y contienen, incluyendo este mundo y los humanos que lo habitamos. Ver T8.5 [41], T16
3 La Verdad, según el Curso, es: a) Que el tiempo, el espacio y todo lo que éstos contuvieron y contienen, son una ilusión, porque no fueron creados por el Dios de Amor en el que se cree o se quiere creer; b) que realmente no somos cuerpos individuales, sino el único Hijo de Dios en el eterno Presente de la Unicidad. Personalmente, se puede llegar a aceptarla de dos maneras: 1) Por medio de la revelación, que es una experiencia pura e intensamente personal de amor, paz y certeza —que emerge del supraconsciente— de una comunicación de Dios a nuestra Alma por medio del Espíritu Santo: “La revelación es intensamente personal y no puede traducirse en algo que tenga sentido para el consciente”; 2) Por medio del perdón total a otro(s) y la extensión de los milagros que sugiera el Espíritu Santo, lo que llevará a la visión de Cristo en un instante santo en el mundo real. Ver T7.5, T14, T30.5
4 La Realidad, con mayúscula, es la eterna Unicidad de Dios, en la que todos nosotros, sin excepción —cual Almas fusionadas en Una sola en Cristo, Su único Hijo— somos Uno con Nuestro Padre, compartiendo con Él Su Amor, el Espíritu Santo. Algunos de sus sinónimos son: Cielo, Eternidad, Reino, Reino de los Cielos, Universo. En minúscula, realidad significa la ilusión de la separación hecha por el Hijo de Dios separado (o soñador), a saber: el tiempo, el espacio y todo lo que éstos contuvieron y contienen, regidos por las leyes de la evolución y escasez. Ver T8.10, T11.4, T11.9, T18, T30.9
5 … o realidad según el ego; la del tiempo y espacio y de todo lo que éstos contienen, regidos como están por las leyes de la evolución y escasez,
6 … pensando con el Espíritu Santo
7 Conocimiento, con mayúscula, es lo que saben todas nuestras Almas perfectas y eternas, fusionadas en Una sola en Cristo, el único Hijo de Dios; Almas que, en perfectas paz y alegría, están compartiendo con Dios Su Amor o Espíritu Santo, en el eterno Presente de Su Unicidad. Aquí, cuando pensamos y actuamos con el Espíritu Santo, conocimiento, en minúscula: 1) es lo que experimentamos en un instante santo del mundo real, al haber logrado perdonar totalmente a otro y unir como Una, su Alma con La nuestra; 2) es saber que esa experiencia es el reflejo aquí del eterno Conocimiento; 3) Y, cuando pensamos y actuamos con el especialismo del ego, es lo que se puede llegar a conocer en este mundo, de acuerdo con sus leyes. Ver T3.5 [35] y [37], T25.4 [25]
8 Don con mayúscula, en el Cielo, es el Don de crear o amar que Dios dio a Su Hijo al crearlo. Aquí, en minúscula, don es el reflejo del Don de Dios; presentes se refiere a los que nos da el Espíritu Santo, y los que damos cuando pensamos con Él; regalos son los que nos damos cuando pensamos y actuamos con el ego. Ver T7.2, T20.6 [38], 26.5 [28], L166
9 … hacia el Mundo real, es la meta de nuestro viaje con el Curso. Es el estado mental que, inicialmente, se experimenta cuando se logra perdonar totalmente a otro y fusionamos su Alma con La nuestra en la experiencia de Cristo. Luego, al perdonar una y otra vez totalmente a otros, vamos a querer extender esa experiencia de Amor a todo y a todos —como en un reflejo aquí del eterno Presente de la Unicidad, donde todo es Uno en Dios— en la espera que Dios dé el paso final. Ver T10.8, T11.4, T11.7, T30.6, L129, LTe.8 (-L291)
10 El perdonar —que forma parte del proceso de aceptar el Redimir para uno mismo— es, en un primer paso, concienciar que la causa de mis sufrimientos y dolor no se encuentra en el otro que estoy tratando de perdonar, sino en el fragmento de la mente del Hijo de Dios separado que él encarnó en mi mente, dotándome de la razón que mi cerebro usa para procesar en mi mente equivocada, los impulsos del especialismo que el mismo Hijo separado me ha estado enviando, para poder sobrevivir lo mejor y lo más largo posible. En un segundo paso, decido pensar con el Espíritu Santo y, en mi mente acertada —al querer creer que realmente no somos cuerpos sino Almas fusionadas en Una sola en Cristo, el único Hijo de Dios, en la eterna Unicidad—trataré más bien de ver el Alma del otro. El tercer paso, el perdonar totalmente, se da, al concienciar que su Alma no tuvo nada que ver con lo que su cuerpo me pudo haber hecho, porque en la Unicidad, sólo hay Amor entre Dios y Su único Hijo, Que realmente somos. Por lo tanto, no hay nada que perdonar. El último paso se da al vivir internamente con el otro la divina experiencia de Cristo de la fusión de su Alma con la Mía, es decir, la experiencia del mundo real, que luego, trataré de extender a todo y a todos. Ver T16, T17.7, T29.7, L121. L122, LTe.1 (-221)
11 … sencillamente que Dios es, y nosotros, cual Almas perfectas y eternas, somos Uno con Él en Su eterna Unicidad.
12La Impecabilidad, con mayúscula, es, en el eterno Presente de la Unicidad de Dios, la condición de nuestras Almas fusionadas en Una sola en Cristo, Su único Hijo. En minúscula, impecabilidad es el reflejo aquí de esa condición eterna, en la que todo deseo de atacar ha desaparecido, de modo que no hay razón para percibir al Hijo de Dios de ninguna otra forma que como realmente es. Ver T20.5 [32], T25.6 [37]
13 … por El soñador, o el Hijo de Dios separado, nace —Según el mito de la separación— cuando "En la Eternidad, Donde Todo es Uno, se adentró una diminuta idea alocada de la que el Hijo de Dios olvidó reírse. A causa de haberlo enviado al olvido, ese pensar se convirtió en una idea seria, capaz de lograr algo y, de producir efectos reales”, entre los cuales, hace unos 300 mil años, después de haber otorgado a algunos mamíferos el libre albedrío sobre su instinto natural, el Hijo de Dios separado ha estado encarnando fragmentos de su mente en cada una de las mentes equivocadas de los seres humanos, añadiéndoles el especialismo y la razón para procesarlo, y así, en interminables luchas entre ellos, traten de sobrevivir lo mejor y más largo posible.Ver: T1.1.28 [38], T2.6, T8.7, T24, T27.9 [82], T28.3 [23], (URTEXT T2F 39-40)
14 … como yo, del que soy un fragmento encarnado
15 … separarte de Dios
16 … del eterno Presente de la Unicidad de Dios
17 … que es la Unicidad
18 … la Respuesta de Dios a la separación: El mito de la separación cuenta que "En la Eternidad, Donde Todo es Uno, se adentró una diminuta idea alocada de la que el Hijo de Dios olvidó reírse. A causa de haberlo enviado al olvido, ese pensar se convirtió en: 1) Una idea seria" —el Hijo de Dios separado (o soñador)—“capaz de lograr algo y, de producir efectos reales”, tales como: 1.1) Hizo el sistema de pensamiento del ego, con el cual creará en falso y manejará el tiempo, el espacio y todo lo que éstos contuvieron y contienen; 1.2) hace unos 14 millardos de años, causó la explosión cósmica llamada "Big Bang" que destruyó todo lo hecho, e inició el Cosmos; 1.3) hace unos 4.500 millones de años, empezó la hechura del mundo; 1.4) y hace unos 300 mil años, después de haber otorgado a algunos mamíferos el libre albedrío sobre su instinto natural, el Hijo de Dios separado ha estado encarnando fragmentos de su mente en cada una de las mentes equivocadas de los seres humanos, añadiéndoles el especialismo y la razón para procesarlo, y así, en interminables luchas entre ellos, traten de sobrevivir lo mejor y más largo posible. 2) Esa encarnación fue parcial, ya que, hasta ahora, nadie ha logrado recordar lo que sucedió en la separación, como tampoco nadie ha regresado de la muerte para contar su historia. Ver T2.6 [106], T3.6, T4.3, T4.6, T10, LTe.12 (-L331)
19 … por medio de Sus impulsos altruistas o milagrosos…
20 … que me enseña que ninguna de las hechuras del soñador son reales, ya que no fueron creadas por Dios,
21 … al otro
22 Amor, con mayúscula, es, en el eterno Presente de la Unicidad, al Espíritu Santo o Pensamiento de Amor de Dios, por el Cual, nos creó como Almas, fusionadas en Una sola en Cristo, Su único Hijo. Aquí, cuando le ponemos cuidado a los impulsos altruistas o amorosos que nos envía el Espíritu Santo —que es lo mismo que decidir pensar con Él— Amor es Su reflejo o Amor general y sin preferencias que tenemos para con los demás, y se expresa en el perdonar y en la extensión de los milagros que, el propio Espíritu santo, nos sugiere. En minúscula, amor se refiere al amor interesado y preferencial de nuestro ego, cuando pensamos y actuamos con él. Ver P3 [2], T1.1.3 [3], T1.1.53 [100], T3.6 [38], L46, L67, L68, L195
23 A cada persona —a la medida de sus talentos naturales y adquiridos— el Espíritu Santo le asigna una función especial en la salvación de los otros que Él le envía, función que sólo ella puede desempeñar, perdonando totalmente y extendiendo los milagros que Él le sugiera. Esta función se puede manifestar, entre otras formas: dando el ejemplo, enseñando, curando, extendiendo milagros, ofreciendo psicoterapia, etc. Pero, siempre reflejará, de alguna manera, la Unicidad de Dios, en la que todas nuestras Almas están fusionadas en Una sola en Cristo, el Hijo único de Dios, Quien, realmente, somos todos y cada uno. Ver T18.6 [45], T20.5 [32], T25.7, L62, L64, L65, L66, L99
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