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1 Percepción: En el eterno Presente de la Unicidad de Dios —Que es donde realmente estamos todos como Almas perfectas, fusionadas en Una sola en Cristo, el Hijo único de Dios, Quien es Uno con Su Padre— la percepción no existe ya que Todo es Uno. Pero en la separación, cuando pensamos y actuamos con el especialismo del ego, la percepción es el proceso fundamental para sobrevivir por medio de nuestra razón que el Curso define como "Percepción equivocada". Y, cuando habiendo decidido pensar con el Espíritu Santo, hemos aceptado el Redimir para nosotros mismos, perdonado totalmente y extendido los milagros que nos ha sugerido el Espíritu Santo, nuestra "Percepción verdadera" gradualmente nos va a llevar al mundo real — que es la meta del Curso— donde experimentaremos el reflejo aquí de la Unicidad de Dios, donde sólo hay Amor, paz y alegría. Ver T3.4, T3.5, T10.7, T13, T14.6 [46], L134, M5.3.1, M19.5
2 … de lo que quiero creer que existe en otra realidad “espiritual”, que la del tiempo, el espacio, el universo, y todo eso regido por unas leyes que denominamos de la evolución y de la escasez, que el Curso relaciona con el sistema de pensamiento del ego que hizo el yo soñador en el instante de la separación del Hijo de Dios…
3 … mi yo soñador
4 La visión de Cristo, en un instante santo en tu fuero interno, es la que mira más allá del cuerpo de la persona que has perdonado totalmente y extendido los milagros sugeridos por el Espíritu Santo. Y, cuando logras acceder al mundo real, ves su Alma perfecta y eterna fusionada con La tuya en Una sola, fusión unitaria que incluye a todas las Almas, en la experiencia de Cristo, nuestra verdadera Identidad. Ver T11.7, T12.5 [42]
5 … el reflejo aquí de Nuestra Unicidad, con mayúscula, en el eterno Presente del Cielo, es el estado en el que Dios, en un pensamiento de Amor o Espíritu Santo, está creando a Su único Hijo. En minúscula, aquí, cuando pensamos con el Espíritu Santo, unicidad es la idea nacida del anhelo natural de fusionar todas nuestras Almas en Una sola en Cristo, el único Hijo de Dios, en una experiencia en nuestro fuero interno, que nos dice que, realmente, no estamos solos, separados unos de otros, ni desamparados —como el ego nos quiere hacer ver y creer por medio de nuestros cuerpos— sino que realmente somos el Hijo único de Dios. Ver T8.5 [38], T10.2 [15], T26.2
6 … porque Todo es Uno con Dios
7 … porque en la Unicidad, donde sólo hay Amor, no hay individualidades fraccionadas del Hijo de Dios, que estén separadas de Dios.
8 … en tu mente acertada…
9 En esto radica aquí, la paz de Dios: 1) Aquiétate un instante y olvídate de todas las cosas que alguna vez aprendiste, de todos los pensamientos que tuviste, y de todas tus ideas preconcebidas acerca de lo que las cosas significan y de cuál es su propósito. 2) Olvídate de tus propias ideas acerca del propósito del mundo, pues no sabes realmente cuál es. 3) Deja que toda imagen que tengas sobre cualquier persona se desprenda de tu mente y desaparezca. 4) Sé inocente de todo juicio, no prestes atención a ningún pensamiento, bueno o malo, que alguna vez haya cruzado tu mente con respecto a alguien. Ahora no lo conoces realmente, Lo viejo se derrumbará ante lo nuevo, sin que te le opongas o lo apoyes. 5) Ninguna de las cosas que pensabas que eran valiosas, y que requerían de tu cuidado, serán atacadas. 6) Tampoco se atacará tu deseo de oír un llamamiento que realmente nunca se hizo. 7) Nada te hará daño en este santo lugar, donde vienes a escuchar en silencio y a aprender que lo que realmente quieres es la Verdad. 8) No se te pedirá que aprendas más que esto. 9) Pero, a medida que lo escuches, comprenderás que lo único que tienes que hacer es desprenderte de los pensamientos que realmente no querías, y que nunca fueron verdaderos. Ver T31.1 [12], T31.2 [22]
10 … en su mente acertada o espíritu, con la visión de Cristo,
11 … en tu fuero interno
12 Paso final que dará Dios: Ver T6.6.3 [89]
13 … en tu mente acertada o espíritu, pensando con el Espíritu Santo
14 La Verdad, según el Curso, es: a) Que el tiempo, el espacio y todo lo que éstos contuvieron y contienen, son una ilusión, porque no fueron creados por el Dios de Amor en el que se cree o se quiere creer; b) que realmente no somos cuerpos individuales, sino el único Hijo de Dios en el eterno Presente de la Unicidad. Personalmente, se puede llegar a aceptarla de dos maneras: 1) Por medio de la revelación, que es una experiencia pura e intensamente personal de amor, paz y certeza —que emerge del supraconsciente— de una comunicación de Dios a nuestra Alma por medio del Espíritu Santo: “La revelación es intensamente personal y no puede traducirse en algo que tenga sentido para el consciente”; 2) Por medio del perdón total a otro(s) y la extensión de los milagros que sugiera el Espíritu Santo, lo que llevará a la visión de Cristo en un instante santo en el mundo real. Ver T7.5, T14, T30.5
15 El perdonar —que forma parte del proceso de aceptar el Redimir para uno mismo— es, en un primer paso, concienciar que la causa de mis sufrimientos y dolor no se encuentra en el otro que estoy tratando de perdonar, sino en el fragmento de la mente del Hijo de Dios separado que él encarnó en mi mente, dotándome de la razón que mi cerebro usa para procesar en mi mente equivocada, los impulsos del especialismo que el mismo Hijo separado me ha estado enviando, para poder sobrevivir lo mejor y lo más largo posible. En un segundo paso, decido pensar con el Espíritu Santo y, en mi mente acertada —al querer creer que realmente no somos cuerpos sino Almas fusionadas en Una sola en Cristo, el único Hijo de Dios, en la eterna Unicidad—trataré más bien de ver el Alma del otro. El tercer paso, el perdonar totalmente, se da, al concienciar que su Alma no tuvo nada que ver con lo que su cuerpo me pudo haber hecho, porque en la Unicidad, sólo hay Amor entre Dios y Su único Hijo, Que realmente somos. Por lo tanto, no hay nada que perdonar. El último paso se da al vivir internamente con el otro la divina experiencia de Cristo de la fusión de su Alma con la Mía, es decir, la experiencia del mundo real, que luego, trataré de extender a todo y a todos. Ver T16, T17.7, T29.7, L121. L122, LTe.1 (-221)
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