Mensaje de nuestro Pastor P. Aaron Pierre, S.J.
Vistos, conocidos y acompañados (Parte 1)
Entre nosotros hay quienes cargan penas que nadie ve: los nervios, una tristeza que no se quita, noches sin dormir, el cansancio de trabajar sin parar, la nostalgia por la familia que quedó lejos, un duelo que no termina. Hay quien viene a Misa, va al trabajo, cuida a los suyos y sonríe a todos, mientras por dentro lleva un peso enorme. Y todos, alguna vez, hemos cargado algo así.
Hace unos años me sorprendió escuchar a un amigo decir: “Mi psicólogo me dijo…” Lo dijo sin vergüenza. ¿Cuántos de nosotros callamos lo que sufrimos porque creemos que es debilidad, o que nadie nos va a entender?
Este mes, el Papa León invita a toda la Iglesia a rezar por quienes sufren en su salud mental. Su oración empieza con una verdad muy bonita sobre Dios: “Tú conoces lo más profundo de nuestro corazón: la luz y las sombras que llevamos dentro, las heridas silenciosas que a veces nadie ve.” Lo que otros no ven, Dios lo ve. Y Dios no se aparta de nosotros. Así lo dice el Salmo 139: “Tú me tejiste en el seno de mi madre… de lejos conoces mis pensamientos.” Jesús también conoció esa angustia en Getsemaní: “Mi alma está triste hasta la muerte” (Mt 26,38).
Algunas heridas vienen de la niñez, de una pérdida o de lo duro que fue dejar nuestra tierra. La enfermedad es real, pero nunca dice quiénes somos. Desde el Génesis, cada persona lleva la imagen y semejanza de Dios, y ningún sufrimiento la borra. Nuestra mirada no empieza con un diagnóstico, sino con la dignidad. Sin embargo, a veces hemos añadido vergüenza al dolor, diciendo que a alguien solo le falta “rezar más”, o que la depresión es falta de fe o un castigo de Dios. En su oración, el Papa León pide perdón “por las veces que hemos mirado hacia otro lado, alimentando el estigma y la discriminación.”
“Tú los llamas por su nombre, con ternura, y en Ti encuentran dignidad y esperanza.” Nuestro sufrimiento no nos quita la dignidad; por eso, nadie debería avergonzarse de recibir la ayuda que necesita. Que nuestra parroquia sea “una comunidad que acompaña y nunca excluye, que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.”
Si usted o alguien de su familia necesita ayuda, no espere: hable con un sacerdote o llame a la oficina parroquial al (414) 645-7624. Si es una emergencia o piensa en hacerse daño, llame al 988 (oprima 2 para español) o al 414-257-7222, a cualquier hora, las 24 horas.
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